Cinco ideas para invertir en 2021

Cinco ideas para invertir en 2021

2021 va a seguir trayendo acontecimientos completamente nuevos a la escena mundial. Como ciudadanos, nos conviene estar preparados para saber exactamente qué hacer en las distintas parcelas de nuestra vida, o conformarnos con que la organicen las personas que gobiernen.

Hoy vamos a hablar de una de esas parcelas, la financiera, en nuestra vertiente de ahorradores/inversores. Lo haremos desde el marco que utilizamos para asesorar a nuestros clientes desde hace años y a través de las distintas amenazas que hemos superado juntos.

1) Los amos del mundo

Con cada año que pasa, un mayor conocimiento y un ecosistema de negocios más eficiente acortan el tiempo necesario para transformar una compañía en una multinacional global. Las pocas que lo consiguen suelen tener un componente online y efecto red: cuanto mayores son, más competitivas se vuelven. Por eso no tienen competencia real, así que su valoración ha de hacerse en función del mercado mundial.
Amazon, con un 67% de su beneficio proveniente de su negocio de servidores, o Google, creadora del ecosistema más robusto que existe para vender publicidad segmentada, no tienen ninguna amenaza salvo los reguladores de cada país, teóricamente pendientes de posiciones monopolísticas. Por tanto, el consejo es doble: tener a estos gigantes en cartera y no invertir en nada que pueda ser arrasado por ellos.

2) Los emergentes asiáticos ya no lo son

Recuerdo muy bien cuando los mercados emergentes ocupaban un tímido porcentaje en la cartera de los clientes. Mientras tanto, en el mundo real, no dejaban de fortalecerse en todos los indicadores económicos. Es lógico si tenemos en cuenta que son una potencia demográfica a la que le hemos entregado todo nuestro know how empresarial. Por eso es un hecho que el mundo es ahora bipolar, con Asia en un polo económico y EEUU en el otro. Esto deja a Europa perdida en el centro, con su crecimiento marginal y sus pesadas instituciones, como la vieja gloria (un poco sorda) a la que se invita a las cenas por educación pero que no habla con nadie. En resumen, dé a los países asiáticos la misma presencia en la cartera que tienen en la economía real.

3) Los bancos centrales como fuerza alcista

Hay distintos enfoques a la hora de invertir: global macro, que tiene en cuenta el crecimiento de los países; análisis fundamental, que investiga el valor intrínseco de las compañías; análisis técnico, que prioriza las tendencias de los distintos activos, etc.
Sin embargo, los seguidores de todas ellas se rascan confundidos la cabeza desde hace más de 10 años. No es que antes tuvieran fórmulas mágicas, pero desde la crisis financiera (CF) el mercado sólo obedece a los nuevos actores: los bancos centrales. Estos nuevos monstruos ya no tienen como objetivo el control de la inflación, ni siquiera garantizar la liquidez del sistema como hicieron tras la CF. Ahora abiertamente son fuerzas competitivas para los países, cuyos mercados sólo obedecen a las inyecciones de liquidez de sus impresoras de dinero. Por tanto, el grado de impresión de liquidez es un indicador más importante que cualquier otro, y nada indica que vaya a parar.

4) La tecnología no es un sector

Energía, Salud, Materiales, todos ellos son sectores que podemos visualizar en vertical. La tecnología, sin embargo, es transversal a todos ellos: es un multiplicador general de la productividad. El resultado de su aplicación es conseguir más con menos, lo cual produce efectos transformadores a nivel social y económico, y a corto plazo algunos pueden parecer amenazas. Vienen los fantasmas luditas de ser sustituidos por máquinas, industrias enteras corren el riesgo de ser barridas… Aun así, el efecto es neto positivo: hay que invertir en sectores donde la tecnología tenga siempre espacio para ser ejecutada, puesto que ahí se producirán los milagros. Pero hay uno en concreto del que se habla poco, el último que nos interesa como inversores, y que también viene provocado por la tecnología.

5) El espectro de la deflación

La inflación es el enemigo de la deuda, por eso las impresiones masivas de dinero. El importe adeudado va perdiendo valor real, mientras los salarios suben y el poder adquisitivo aumenta. La deflación produce el efecto contrario: los bienes cada vez más baratos no impulsan nuestros salarios al alza, mientras que las deudas no paran de crecer. El mundo desarrollado está sobreendeudado, el emergente es ahorrador. Por tanto, el efecto de la deflación nos pesará más a nosotros a no ser que alcancemos un punto de no retorno, en el que flirteemos con la hiperinflación. Muchos se acuerdan de la hiperinflación alemana (ha habido muchas desde entonces), pero hay que recordar también que vino precedida de un estancamiento económico deflacionario.

En resumen, cinco ideas que pueden ayudar en 2021:

  1. Los amos del mundo
  2. Los emergentes asiáticos ya no lo son
  3. Los bancos centrales como fuerza alcista
  4. La tecnología no es un sector
  5. El espectro de la deflación

Y si nos permiten, una más: Huyan de la mentalidad de producto de inversión, y prioricen siempre un buen asesoramiento. La metodología de inversión va por encima de los (inexistentes) productos estrella.

Alejandro Martínez es socio director de inversiones y cofundador de EFE & ENE Multifamily Office

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